Ventajas
Es obvio que poder jugar
online con otras personas, con una o con decenas a la vez, aporta componentes
interesantísimos no sólo desde el punto de vista lúdico sino, sobre todo, desde
el punto de vista del desarrollo personal y la socialización.
Los mundos virtuales en los
que muchas personas pueden intervenir a la vez permiten experimentar los
entornos como sistemas de múltiples variables que van dibujando una realidad
cambiante a la que hay que saber adaptarse. De igual manera, es posible no sólo
definir estrategias colectivas sino construir de forma colaborativa elementos
que, más tarde, pueden ser compartidos con la comunidad de jugadores que
pueden, a su vez, evaluarlos y enriquecerlos. Los juegos online multijugador
son un claro ejemplo de desarrollo de inteligencia colectiva en un entorno
competitivo.
Diez factores de riesgo en
los nuevos videojuegos online
Sin embargo, también nos
encontramos con nuevas situaciones que pueden conllevar riesgos frente a los
cuales niños, niñas y adolescentes están menos preparados para reaccionar. Ser
conscientes de ello es el primer paso para su prevención.
1) Jugadores identificados
y trazables
Al jugar online, al entrar
e identificamos, posibilitamos que registren toda nuestra actividad y la
asocien al perfil o usuario con el que hemos iniciado la sesión. Esta
información puede tener muchas lecturas y, las mismas, variadas finalidades.
¿Qué saben de nuestros hijos? ¿Con quién comparten esa información?
2) Publicidad contextual y
personalizada
Un juego online se puede
comportar en cierta manera como la página web de nuestro banco. Ya sabe quiénes
somos, nuestras preferencias, expectativas o necesidades. Nos ofrece en cada
momento aquello que desea proponernos o lo que espera que estemos buscando.
¿Manejan esa información de manera responsable?
3) Contactos con
desconocidos y funciones de comunicación avanzadas
El atractivo añadido de poder
jugar con otras personas está apoyado por funcionalidades que nos permiten
participar en grupo como puede ser el chat con voz o imagen. ¿Somos conscientes
de que cualquiera puede estar al otro lado?
4) Relajación de las pautas
de control parental y de autoprotección
Cuando entramos en un sala
de chat pública, tenemos presente que vamos a chatear y asociamos a esta
práctica las medidas de protección frente a los consabidos riesgos. Sin
embargo, cuando entramos a jugar, el fin lúdico prevalece y en esa actividad
aceptamos la disparidad de edades propia de muchos videojuegos. ¿Se justifica
realmente esta actitud? ¿Es segura?
5) Amenazas a la privacidad
y barreras difusas con las redes sociales
En muchos casos, la red
social que acompaña al videojuego es realmente potente y, en otros, resulta
difícil diferenciar si un videojuego es en realidad una red social y viceversa.
¿No sería adecuado que nos ocupemos de los riesgos a la privacidad como lo
hacemos con las redes sociales?
6) Incitación a juegos de
apuestas o azar
Sin que sea una práctica
generalizada, en ocasiones esta otra forma de juego que suponen las apuestas se
integra de manera sibilina en los juegos online ya que, de alguna manera, es
también juego. ¿Tenemos claro que esto puede suceder con aparente normalidad?
7) Dificultades añadidas a
la supervisión parental
Aunque la edad media del
videojugador supera los veinticinco años, la elevada curva de aprendizaje hace
que muchos adultos apenas se hayan asomado a esta práctica. Si además
consideramos la basta diversidad y complejidad existente, el entorno se vuelve
inexpugnable. ¿Podemos los adultos permitirnos esa falta de supervisión?
8) Existencia de usos que
suponen gasto económico
La moneda virtual y la
posible equivalencia con moneda real hacen que en estos juegos se puedan
manejar cantidades nada despreciables de dinero. En ocasiones, el ansia por
lograr progresos puede desembocar en grandes desembolsos. ¿Estamos al corriente
del gasto real relacionado con los juegos online?
9) Mundo persistente… juego
permanente
Se trata de entornos
virtuales que, en ausencia del jugador, siguen evolucionando. Esto, añadido a
su atractivo y a las técnicas de fidelización elaboradas por sus diseñadores,
puede provocar cierta necesidad de jugar que degenere en un cuadro de uso
abusivo, más probable aún si podemos intervenir desde el teléfono móvil.
¿Prestamos atención al número y a la duración de las sesiones de juego?
10) Dificultad de censo,
catalogación y control
Por el mero hecho de estar
online, su contenido y operativa pueden ser cambiados de manera muy rápida.
Ello permite corregir deficiencias e incorporar mejoras con gran inmediatez
pero también dificulta el adecuado censo, caracterización y seguimiento.
¿Tenemos suficientes referencias válidas para contrastar nuestras necesidades
de información en relación a los videojuegos?
Por todas estas razones, el
videojuego online trae con sus grandes ventajas unos no menos importante retos
referentes a la protección del menor que deben ser afrontados.



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